Historia

Es entre los siglos XVIII a XIX cuando se da un gran auge comercial agrario en esta zona, que permite construir casas y villas de grandes dimensiones, en muchos casos declaradas patrimonio artístico, ya que reflejan con fidelidad la forma de vida del momento y su adaptación a las necesidades del campo y explotación de las tierras .

Según la extensión de las tierras, el personal al cargo y el número de animales, las casas adaptaban su espacio y formas constructivas con planta baja y “cambra” o altillo, primera planta con o sin tejado “terrat”, utilizado en ocasiones como secadero de frutos y mirador, así como alacenas, almacenes para el grano, etc.

Las viviendas de la franja mediterránea se construían y construyen mirando al mediodía, protegidas de los calores del verano con porches que en invierno también dejen entrar al sol, resguardadas de los vientos del oeste y del norte. El tejado a dos aguas recoge a través de canaletas el agua de lluvia, escasa en estas tierras, que llega a los pozos ó “aljubs”.

La tipología de las casas unida a un paisaje lleno de palmeras y árboles, confiere a la finca una fisonomía africana como ya recordara Julio Caro Baroja a su paso por Elche.

La Finca Santa Bárbara resulta ser una gran casa rural, también llamadas en la época “faeneta” ó “defora” porque era donde la alta y mediana burguesía ilicitana pasaba su tiempo de veraneo ó de recreo.

El jardín incorpora la antigua distribución de la tierra para su cultivo y tiene árboles y arbustos como el naranjo, el limonero, la palmera, el olivo y también plantas ornamentales como el baladre y las esterlicias ó el pino y medicinales y aromáticas como el romero.